El blog de Lauri

Mi mundo, mis cosas, mis películas, mis pensamientos…

El discurso del rey diciembre 21, 2010

Viernes 17 de diciembre. Cines Palafox, calle Luchana. Acompañada por los miembros de la Topera, entro entre sueño y frío en la sala.  He cambiado una mañana de clase por una de cine. El termómetro ha bajado considerablemente. ¿Valdrá la pena la apuesta?

Colin Firth, Geoffrey Rush y Helena Bonham Carter. Coctail explosivo. Las luces se despiden de los espectadores. Las primeras palabras suenan en inglés. No me arrepentiré seguro, desde luego…

El discurso del rey es la historia del rey Jorge VI de Inglaterra, un rey atrapado en una angustia discursiva. Esa angustia le imposibilita expresarse en público. Situación dramática. Con la ayuda de un logopeda australiano, conseguirá (no sin dificultad) superar sus miedos y su tartamudeo.

Todos conocemos el poder que ejerce un buen discurso sobre el pueblo. Aún recordamos el discurso de Martin Luther King o el llamamiento de De Gaulle a traves de la radio inglesa como momentos clave de la historia. Una palabra vale más que mil pistolas, pués, la palabra es el arma más temida de nuestras vidas. Provoca amor, provoca dolor. De hecho, todos los dictadores del último siglo fueron primero buenos locutores, antes de ser “buenos dictadores”. Ser un buen locutor es el desafío de Bertie, el protagonista de nuestra película en un momento tan fatídico como la subida del nacionalismo y el pre-comienzo de la segunda guerra mundial.

Un guión de calidad (David Seidler). Toques humorísticos. Pinceladas de solemnidad. Esta película tiene todos los ingredientes necesarios a un éxito cinematográfico. Diálogos arropados por una gran fineza y sutilidad. Así es cómo te ganas al público.

La crema  inglesa que le acompaña resalta un ambiente frío y distante. Unos planos muy característicos. Una película que me llega al corazón, pero no lo atraviesa, como hicieron otras. La falta de calor puede conmigo. Momentos de debilidad en las que me duermo unos minutos. Viernes por la mañana resulta ser muy mal momento.

Despierto a tiempo para asistir al discurso final. Inspirador y liberador. Después de largos minutos de atasco, por fín, sale de su boca el tan esperado discurso, el que dará nombre a la película.

Estreno el miércoles 22 de diciembre…

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Tito Andronicus a la Fura dels Baus… diciembre 17, 2010

“Deberías dejar el abrigo y el bolso fuera, que en la sala hace mucho calor y tiran cosas”

Consejos sabios, seguidos al pie de la letra. La Fura Dels Baus está detrás de la puerta, esperando a su próxima víctima. No dejarán a nadie indiferente. Habrá sangre. Mucha sangre.
Las puertas se abren. El público se encuentra de pie, encerrado por 4 paredes con pantallas gigantes. Escenario inexistente. Un bebe, mil caras y una espera que acelera al corazón. Efecto catársico. Puesta en escena majestuosa, tal y como la Roma que representa. Un cocinero instalado en una plataforma se dedica a su tarea durante toda la representación.

Imagenes furtivas, olor salvaje, apetito despertado. Ruidos estridentes, y espacio intrigante. Todos los sentidos son requeridos para disfrutar de un Titus Andronicus a la Fura dels Baus.
De repente, un rayo atreviesa toda la sala. La oscuridad se instala entre cada uno de nosotros. Unos cochecitos salen de la nada obligandonos a apartarnos con rapidez. Gritos, sustos y calor. Las ráfagas de luz me impiden moverme con fluidez. Protagonizo el primer mareo de la noche.

Un descanso de unos minutos y vuelvo al ataque. No hay vuelta atrás, se debe acabar lo empezado. Originalidad, violencia y crueldad . Salpicaduras y bocas abiertas. Visita extravagante al mundo Shakespeariano. Imaginación desbordante que permite al espectador (o actor) llegar hasta la Roma antigua. Canibalismo vengativo. Perturbador. La obra se saborea y por poco nos mordemos la lengua. Ganas de menos, ganas de más. Experencia impresionante, sensaciones nuevas.

El texto ha sido reducido a lo esencial para dejar espacio a la puesta en escena. Comunicación entre espectador y actor obvia. Recuerdos a Antonin Artaud… ¿Este es el futuro del teatro? Pués debería serlo.
Provocador y visceral. La barbarie abre paso al banquete final. Esta vez, 30 invitados disfrutan de una cena exquisita. Parece ser que, después de cada tragedia, la gente sigue comiendo. En esta tierra, tenemos para rato. ¡Buen provecho!

 

Balada triste de trompeta diciembre 14, 2010

Lunes 13 de diciembre. Son las 9 de la mañana. Un viento gélido me roza la cara, a la espera de la apertura de las puertas del cine. Première de “Balada triste de trompeta”. Première más relevante del mes de diciembre.

En la vida, tenemos dos opciones: ser un payaso tonto, o un payaso triste. Javier, protagonista interpretado por Carlos Areces, no ha podido elegir. Lo han hecho por él: el será un payaso triste, sin gracia. Un payaso en busca de una eterna venganza. Condicionado por un terrible pasado, Javier lucha por un doloroso e inalcanzable amor.

Cuando de amor se trata, todas las armas y golpes son posibles. Se inicia, pués, una lucha feroz entre el payaso tonto y el payaso triste. De fondo, una España destrozada, ahogada entre tanta sangre derramada. España, escenario del franquismo. España, gran circo grotesco. Y de accesorio, un machete…

La película no es totalmente un drama, ni completamente una comedia. Mezcla de géneros, de ideas, de trapos. Marionetas surrealistas prisioneras de una extrema violencia, como todos nosotros, actores en el teatro de la vida,  personajes llenos de rabia. Unos controlan esa agresividad inevitable, otros no pueden hacer otra cosa que dejarla surgir, aliviarse.

Risas, sustos, penas, una obra maestra esta vez con precedente. Y es que no es la primera vez para Álex de la Iglesia. Artista, creador, pensador, nos tiene acostumbrado a una verdadera calidad cinematográfica. Esta “mala” costumbre es la culpable de tantas decepciones y concesiones los viernes por la noche. Eso hace que sea mayor el disfrute cuando por fín llega la hora de emocionarse.

Escena final inspiradora y liberadora que me lleva casi hasta las lágrimas. No importa qué camino hayas elegido, si la risa o el llanto, si el amor o el odio, acabarás siendo el payaso infeliz que todos queremos evitar ser.

Dirección el Circo Price, dónde está prevista la rueda de prensa. Entran en escena Álex de la Iglesia, Antonio de la Torre, Carlos Areces, Carolina Bang y muchos otros actores. Los flashs de los fotógrafos resaltan la brillantez de cada uno de los presentes. Álex habla, cuenta, justifica su película. Reflexión profunda sobre la vida, la sociedad y el mundo que nos rodea. Cariño es el sentimiento que transmiten los actores hacía la película y hacia su director, hombre preocupado por los cambios que ocurren en su vida. Cambios efímeros, duraderos; enfrentados con optimísmo, pesimísmo pero siempre parecen llevarnos hacía un mismo camino.

Con ese toque de humor que le caracteriza tanto, Álex pasa la palabra a sus compañeros y amigos para contestar a algunas preguntas del público. Cercanía y la sensación de “haber formado parte de algo”  por algun momento. Nos despedimos con una animación espectacular entre granos de arena. Poesía, poesía y más poesía.

 

Los ojos de Julia diciembre 10, 2010

Mes de diciembre. Se acerca el fin de año y tengo que gastar las últimas entradas gratis que me quedan.Principe pío, 11 y media de la noche. Se me cierran los ojos. Resisto. Tal vez valga la pena.

¿Los ojos de Julia? No es mi estilo de película, pero, ¿ por qué no? Los ojos de Julia es una película realizada por Guillem Morales.  Protagonizada por Belén Rueda. Mismos productores que el Orfanato. Huele a déjà vu… Mismo así, me atrevo. Dos horas “de supuesto miedo”. Dos horas “de sucesivas risas”. Por poco acabo llorando…Mezcla de sensaciones que revuelven el estómago.

Se suele decir “Ojos que no ven, corazón que no siente” y cómo yo no he visto nada… Mal comienzo. Diálogos divertidos. Juegos de palabras dignos de pocos en esta tierra. Casi envidio la ceguera de la protagonista.  Algunas ideas interesantes pero mal usadas y poco profundizadas hacen de “Los ojos de Julia” una película sin gran interés. Preguntas sin respuestas dejan al espectador solo, ciego y aliviado por llegar a ver los créditos finales.

Aún así, Belén Rueda  brilla entre tanta oscuridad. Algo de luz necesitaba ya. Los créditos acaban, las luces se encienden. Me marcho igual que había llegado (pero con más sueño). Menos mal que no había pagado.

Pero la mediocridad se premia, y la película ya llega al millón de espectadores. Parece una receta que funciona.